La gran sorpresa de 2004 fue el fichaje de Felipe Reyes por el Real Madrid; la hasta entonces figura estudiantil siguió el camino que antes ya trazaran estrellas como Fernando y Antonio Martín, Antúnez, Mijailov, Herreros e incluso su propio hermano Alfonso. Si dio un paso tan dificil (la afición del Ramiro nunca se lo perdonará) fue para ir en busca de títulos y para tener una posibilidad de obtener un hueco en la historia del baloncesto nacional. Su fichaje, además, supuso un nuevo duelo entre Madrid y Barcelona que se disputaban sus servicios. El pívot cordobés no lo dudó y, aconsejado por Alfonso, decidió quedarse en la capital.
Desde entonces se ha convertido en un auténtico referente tanto para el Madrid como para la Selección.
Felipe Reyes Cabanas llegó al Real Madrid tras cinco años en la primera plantilla de Estudiantes. Desde que llegara a la primera plantilla colegial, Felipe siempre quiso emular al gran ala-pívot que fue su hermano Alfonso y por ello, al igual que hiciera su hermano, no tardó en mostrarse al mundo como un pívot que compensaba su falta de centímetros con una lucha sin igual bajo los aros.
Sin embargo, no sería hasta su llegada definitiva al Real Madrid, y en concreto hasta que se encontró con Zan Tabak en el conjunto blanco, cuando Felipe demostrara su potencial. Entonces demostró era algo más que un pívot luchador. Desde entonces Felipe pasó a ser un experto en rebotear balones imposibles y en anotar desde 4 ó 5 metros lo que le convirtió en un auténtico devorador de rivales, en el verdadero capitán que necesitaban los blancos.